En este momento, con una especial importancia, resplandece la esperanza en la oración. Todos los Obispos, sacerdotes y fieles del mundo pueden de cierto modo entrar en el Cónclave y tomar parte de este momento. A través de la oración y la penitencia, el Cuerpo Místico de la Iglesia invoca al Espíritu Santo e implora la plena realización de la voluntad de Dios, la generosidad del Padre que puede regalar a sus hijos un Pastor bueno y santo que los conduzca eficazmente a la salvación. El "Factor Dios", más que cualquier otra variable, más que cualquier análisis o predicción, es el determinante en la elección del Pontífice.
El "Factor Dios" nos espera en el Sagrario, atento a nuestras súplicas. El "Factor Dios" escucha a su Santísima Madre, quien no dejará de atender las oraciones de sus hijos. El verdadero Elector espera nuestra propia influencia y nos llama a participar, de la forma más elevada y eficiente. Dios también nos convoca al Cónclave, al espíritu de recogimiento, silencio y oración a la confianza total de los hijos que tienen puesta la esperanza en su Padre, que no los defraudará.
Al cerrarse las puertas de la Capilla Sixtina, en medio del solemne secreto del Cónclave y de las oraciones que la Liturgia prescribe para estos momentos, 115 hombres tomarán su lugar en el plan de salvación de Dios. A través de sus mentes, de sus palabras, de sus manos, podrán pasar las gracias, consuelos o incluso la justicia y los castigos de la humanidad. Por estos 115 hombres pasa la historia. Y Dios quiere que nosotros estemos a su lado en este trascendental momento.
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